Es imposible ignorar que vivimos en la «Era de la Inmediatez.” Un fenómeno cultural provocado directamente por el avance acelerado de la tecnología, que está afectando negativamente nuestra salud mental y nuestra capacidad de concentración. La gratificación instantánea y la tecnología han incrementado nuestro deseo de obtener respuestas, productos y conexiones al instante. Re-configurando drásticamente nuestra psicología, nuestras relaciones y nuestra forma de vivir. Salvo algunas excepciones: Lo queremos todo y lo queremos ya.
La tecnología nos brinda muchos beneficios. Todo está al alcance de un clic: la comunicación entre personas y lugares distantes, el entretenimiento, el acceso a la información, etc. Pero algo tan cómodo y atractivo ha mermado una habilidad vital: la paciencia. Esa aparente cercanía, esa gratificación instantánea y ese consumo casi constante de información, constituye un gran desafío para el desarrollo emocional y social de una generación que presenta bajos niveles de tolerancia y altos niveles de frustración. La actual, es mucho más impaciente que las generaciones anteriores.
Actualmente, inculcar la paciencia en los niños para desarrollar la capacidad de esperar se ha convertido en un reto para lograr un objetivo difícil, ya que implica un gran esfuerzo de padres y educadores al enfrentarse a varios obstáculos derivados de los teléfonos celulalres, las redes sociales, las plataformas digitales y sus dosis de validación y dopamina constantes. Asegurar el bienestar emocional, la salud mental y el desarrollo integral infantil depende de que recuperen la habilidad de ser pacientes.
Lograremos que los niños desarrollen paciencia aplicando la paciencia en nuestra vida cotidiana, a través de nuestro propio comportamiento frente situaciones que exigen esperar, porque los niños aprenden más y mejor con nuestro ejemplo. Proporcionándoles marcos de referencia concretos respecto al tiempo de espera al utilizar frases como: “Puedes jugar cuando termines la tarea o después que te bañes.” “En diez minutos podemos ir al parque o después de que termine este episodio.” “Te lo compraré dentro de dos días, cuando me paguen en mi trabajo.” Con estas estrategias sencillas y efectivas es posible fomentar la paciencia en los niños.
Es muy importante establecer metas y recompensas que no sean instantáneas. Animándoles a ahorrar para comprar un juguete deseado. Incorporando además, actividades que requieren espera naturalmente, como los juegos de mesa, o rompecabezas. También son excelentes opciones la jardinería, plantar semillas y esperar a que crezcan. Estimular la gratificación postergada hará que desarrollen la capacidad de esperar. Lo cual no sólo contribuye al bienestar emocional actual de los niños, sino que también sienta las bases para su mejor desenvolvimiento en el futuro.

